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Intervenciones de enfermería para la prevención de
úlceras por presión en pacientes hospitalizados
Nursing interventions for the prevention of pressure
ulcers in hospitalized patients
Antonio de Jesús Brito Monar
https://orcid.org/0009-0005-1262-8326
Universidad Estatal Península de Santa Elena, Ecuador
abrito4594@upse.edu.ec
Magister en Gerencia en Salud, Magister en Salud Ocupacional, Médico, Docente Universidad
Estatal Península de Santa Elena.
Alexandra Mariela Tumbaco Galarza
https://orcid.org/0009-0005-9758-5766
Universidad Estatal Península de Santa Elena, Ecuador
alexandra.tumbaco.@upse.edu.ec
Magister en Gerencia en servicios de la salud, Licenciada enfermería, Docente Universidad Estatal
Península de Santa Elena
Rosa Esperanza Sarango Sarango
https://orcid.org/0009-0002-9800-8547
Investigadora Independiente, Ecuador
rositaes_1984@hotmail.com
Magister en Gerencia hospitalaria, Licenciada enfermería
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Recibido: 24/10/2024
Aprobado: 20/12/2024
Publicado: 01/01/2025
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Resumen
Las úlceras por presión representan una
complicación frecuente y prevenible en
pacientes hospitalizados con movilidad
reducida o enfermedades crónicas. Estas
lesiones generan consecuencias físicas,
psicológicas y económicas significativas,
prolongan la estancia hospitalaria y afectan la
calidad del cuidado. La presente investigación
tuvo como objetivo identificar y analizar las
intervenciones de enfermería más utilizadas
para prevenir las en un hospital público de
tercer nivel en Ecuador, así como conocer las
percepciones del personal sobre su efectividad
y las barreras institucionales. Se aplicó una
metodología cualitativa con diseño descriptivo-
interpretativo. La población estuvo compuesta
por 15 enfermeros seleccionados mediante
muestreo intencional. Se utilizaron entrevistas
semiestructuradas para la recolección de
datos, las cuales fueron transcritas y
analizadas mediante codificación temática. Los
resultados revelaron que las intervenciones
más comunes fueron los cambios posturales
programados, la valoración con escala de
Braden, la hidratación cutánea y el uso de
apósitos en zonas de riesgo. Sin embargo, se
identificaron limitaciones importantes como la
sobrecarga laboral, la escasez de insumos y la
falta de formación continua. Aunque estas
prácticas se alinean con la literatura científica,
su aplicación está condicionada por factores
estructurales. Se concluye que existe una
brecha entre el conocimiento teórico del
personal y la práctica clínica efectiva, lo cual
exige fortalecer la formación profesional y la
gestión institucional para mejorar la calidad del
cuidado y prevenir las úlceras por presión de
manera integral.
Palabras clave: úlceras por presión,
intervención de enfermería, prevención,
hospitalización
Abstract
Pressure ulcers are a common and preventable
complication in hospitalized patients with
reduced mobility or chronic diseases. These
lesions have significant physical, psychological,
and economic consequences, increase hospital
stays, and affect the quality of care. This study
aimed to identify and analyze the most
frequently used nursing interventions to prevent
pressure ulcers in a tertiary public hospital in
Ecuador, as well as understand nurses’
perceptions of their effectiveness and the
institutional barriers. A qualitative methodology
with a descriptive-interpretative design was
applied. The population consisted of 15 nurses
selected through purposive sampling. Semi-
structured interviews were conducted,
transcribed, and analyzed through thematic
coding. The results showed that the most
common interventions were scheduled
repositioning, risk assessment with the Braden
scale, skin hydration, and the application of
protective dressings. However, significant
limitations such as work overload, insufficient
supplies, and lack of continuous education
were reported. Although these practices are
supported by scientific literature, their
implementation is hindered by structural
barriers. It is concluded that there is a gap
between nurses’ theoretical knowledge and the
clinical execution of effective preventive
measures. The findings highlight the need to
strengthen continuous training and institutional
management to ensure quality nursing care and
reduce pressures ulcers occurrence in
hospitalized patients.
Keywords: pressure ulcers, nursing
intervention, prevention, hospitalization
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Introducción
Las úlceras por presión (UPP) son una
de las complicaciones más frecuentes
y prevenibles en pacientes
hospitalizados, especialmente en
aquellos con movilidad reducida,
enfermedades neurológicas,
situaciones críticas o encamamiento
prolongado. Se originan por la presión
sostenida sobre prominencias óseas
como sacro, talones o escápulas, lo
cual provoca una oclusión de los
capilares (presión por encima de los
30 – 32 mm Hg), desencadenando
isquemia, hipoxia local y, finalmente,
necrosis tisular (Zaidi & Sharma, 2024).
A pesar de ser un evento prevenible en
el 95 % de los casos, según la National
Pressure Injury Advisory Panel (NPIAP,
2019), su prevalencia en hospitales de
mediana y alta complejidad sigue
siendo preocupante, afectando de
forma directa la calidad de vida del
paciente y los estándares de calidad en
la atención.
La presencia de UPP incrementa la
duración de la estancia hospitalaria,
eleva los costos institucionales por
tratamiento, disminuye la percepción
de seguridad por parte de los usuarios
y puede generar complicaciones
graves como infecciones, osteomielitis,
septicemia o incluso la muerte.
Además, representa un indicador
negativo para los sistemas de
acreditación de calidad hospitalaria,
reflejando una falla potencial en la
atención enfermera. En este contexto,
el rol del profesional de enfermería es
clave, ya que es quien lidera y ejecuta
el cuidado continuo, observacional,
educativo y técnico sobre los pacientes
en riesgo.
Las úlceras por presión (UPP)
constituyen una de las complicaciones
más frecuentes y prevenibles en
pacientes hospitalizados,
particularmente en aquellos con
movilidad reducida o que permanecen
encamados por periodos prolongados.
Esta afección no solo incrementa el
sufrimiento sico del paciente, sino que
también genera consecuencias
clínicas, sociales y económicas
significativas para los sistemas de
salud. Según la Organización Mundial
de la Salud (2019), las UPP afectan
aproximadamente al 7% al 15% de los
pacientes ingresados en instituciones
hospitalarias, y su presencia suele
estar asociada a fallas en la atención
preventiva, especialmente en el área
de enfermería.
Diversos estudios indican que la
aparición de úlceras por presión es, en
gran medida, evitable mediante la
implementación adecuada de
intervenciones de enfermería. No
obstante, la falta de protocolos
estandarizados, la sobrecarga laboral
del personal de salud y la escasa
formación continua constituyen
factores que limitan la efectividad de
dichas intervenciones (García-Molina
et al., 2018). Asimismo, la deficiente
evaluación del riesgo al ingreso
hospitalario y la inadecuada aplicación
de herramientas predictivas como la
escala de Braden contribuyen a que las
UPP continúen siendo un problema
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prevalente (Sánchez-González et al.,
2020).
En este contexto, se evidencia la
necesidad de fortalecer el rol del
profesional de enfermería en la
prevención de estas lesiones, a través
de la aplicación sistemática de
cuidados basados en evidencia
científica. Reconocer la magnitud del
problema es esencial para replantear
estrategias preventivas y mejorar la
calidad de vida de los pacientes
hospitalizados, así como la eficiencia
de los servicios de salud.
Este estudio se propone explorar,
desde un enfoque local y cualitativo, las
prácticas más frecuentes que el
personal de enfermería emplea en un
hospital público de tercer nivel en
Ecuador para la prevención de úlceras
por presión. Se busca analizar cómo
estas prácticas se alinean con las
recomendaciones científicas actuales,
identificar barreras institucionales y
comprender la percepción del personal
respecto a su efectividad.
Metodología
El presente estudio se desarrolló bajo
un enfoque cualitativo con sustento
empírico, lo que permite explorar en
profundidad las experiencias,
percepciones y prácticas del personal
de enfermería en su contexto real de
trabajo. La metodología utilizada en
este estudio fue de carácter cualitativo
con un diseño descriptivo-
interpretativo, no experimental
orientado a analizar comportamientos y
discursos del personal sin manipular
variables, sino más bien
comprendiendo cómo se construyen
las prácticas preventivas en torno a las
úlceras por presión dentro de un
entorno hospitalario específico.
Este enfoque facilitó analizar cómo las
prácticas se construyen en el contexto
hospitalario y las percepciones de los
profesionales sin intervenir
directamente en las variables del
entorno, ubicando el estudio en un nivel
de investigación exploratorio y
descriptivo, orientado a comprender
fenómenos complejos y estructurales
en la realidad clínica.
La población de estudio estuvo
conformada por enfermeros y
enfermeras en Ecuador, que laboran
en áreas críticas como medicina
interna, cirugía y unidad de cuidados
intensivos. Estas unidades fueron
seleccionadas por su alta prevalencia
de pacientes con riesgo de desarrollar
UPP. La muestra fue intencional,
conformada por 15 profesionales de
enfermería con al menos dos años de
experiencia clínica, lo que garantiza un
nivel adecuado de conocimiento y
exposición al fenómeno de estudio.
La técnica de recolección de datos fue
la entrevista semiestructurada, la cual
facilita el abordaje profundo y flexible
de temas clave, permitiendo que los
participantes expresen libremente sus
experiencias, opiniones y sugerencias.
Se elaboró una guía de preguntas que
abordó temas como: conocimientos
sobre prevención de UPP,
intervenciones más utilizadas, barreras
percibidas, percepción de efectividad y
necesidades de mejora. Las
entrevistas fueron grabadas con
consentimiento informado, transcritas
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de manera textual y analizadas
mediante el método de codificación
temática, siguiendo los pasos de
identificación de unidades de
significado, categorización y
comparación constante.
Bases teóricas
La prevención de úlceras por presión
(UPP) constituye una prioridad en el
cuidado de pacientes hospitalizados,
especialmente en aquellos con
movilidad reducida o enfermedades
crónicas. Entre las intervenciones más
estudiadas se encuentra la
movilización periódica del paciente,
particularmente a través de rotaciones
posturales cada dos horas. Rodríguez,
Morales y Salgado (2020), en una
investigación realizada en un hospital
público, demostraron que esta práctica
disminuye significativamente la
aparición de UPP al reducir el tiempo
de presión sostenida sobre zonas
anatómicas vulnerables. Sin embargo,
los autores también señalan que el
cumplimiento de este protocolo
depende en gran medida de la carga
laboral del personal de enfermería, lo
cual compromete su eficacia. Por tanto,
garantizar los recursos humanos
adecuados se convierte en un requisito
indispensable para implementar esta
estrategia de manera efectiva y
sostenida.
Asimismo, el uso de superficies
especiales para el manejo de presión
ha demostrado ser una intervención
eficaz en la prevención de UPP.
Martínez y Gómez (2019), en su
estudio desarrollado en hospitales de
tercer nivel, concluyeron que los
colchones de aire alternante pueden
reducir hasta en un 40% la incidencia
de úlceras por presión en pacientes
encamados con comorbilidades. Estos
dispositivos permiten redistribuir la
presión en puntos específicos del
cuerpo, disminuyendo el riesgo de
isquemia y daño tisular. Su utilización
se recomienda especialmente en
pacientes con movilidad nula o escasa,
ya que actúan de manera
complementaria al cambio postural. No
obstante, la disponibilidad y el
mantenimiento adecuado de estas
tecnologías representan desafíos
logísticos y presupuestarios para
muchas instituciones sanitarias.
La evaluación sistemática del riesgo es
otro pilar fundamental en la prevención
de UPP. En este sentido, el uso de
escalas estandarizadas como la de
Braden ha sido ampliamente validado
en distintos contextos clínicos.
Hernández, López y Martínez (2021)
observaron que, en unidades de
cuidados intensivos, la aplicación de
dicha escala permite identificar a los
pacientes con mayor vulnerabilidad
desde el momento de su ingreso. Sin
embargo, también destacaron que en
muchas ocasiones esta herramienta se
utiliza de manera superficial o formal,
sin traducirse en acciones clínicas
concretas. Esta brecha entre la teoría y
la práctica limita el impacto real de la
valoración del riesgo, por lo que se
requiere reforzar el juicio clínico y la
formación del personal para una
interpretación adecuada de los
resultados.
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La formación continua del personal de
enfermería se presenta como un factor
crítico para garantizar la
implementación efectiva de los
protocolos preventivos. Luján y Torres
(2018), en un estudio realizado en
unidades de enfermería, concluyeron
que la capacitación periódica
incrementa la adherencia a las guías
clínicas y favorece una toma de
decisiones más fundamentada en
evidencia. Esta formación permite al
profesional adquirir habilidades
técnicas y analíticas que fortalecen su
intervención en la prevención de UPP.
Por su parte, Jiménez y Barrera (2020)
señalaron que la falta de formación
específica en unidades de cuidados
intensivos obstaculiza la ejecución
rigurosa de las estrategias preventivas,
generando una mayor incidencia de
complicaciones evitables. Estas
evidencias ponen de relieve la
necesidad de institucionalizar
programas de educación continua
dentro de los sistemas de salud.
Además de las intervenciones clínicas
tradicionales, las prácticas de
enfermería basadas en evidencia han
sido sistematizadas a través de
revisiones que ofrecen una visión
integral de las acciones s eficaces.
Pérez, Rodríguez y Quintero (2020),
mediante una revisión sistemática,
identificaron varias prácticas con alto
nivel de efectividad, tales como la
hidratación cutánea planificada, la
aplicación de apósitos protectores en
zonas de riesgo y la rotación postural
supervisada. Estas medidas, aplicadas
de manera coordinada, permiten no
solo reducir la incidencia de UPP, sino
también mejorar los resultados clínicos
generales del paciente. La correcta
implementación de estas
intervenciones requiere de equipos
capacitados, protocolos
estandarizados y seguimiento continuo
para garantizar su sostenibilidad en el
tiempo.
La inclusión del paciente y su entorno
familiar en el proceso preventivo ha
cobrado relevancia como estrategia de
corresponsabilidad en el cuidado.
Mendoza y Ruiz (2019), en un estudio
sobre cuidados hospitalarios y
comunitarios, demostraron que la
educación dirigida al paciente y su
familia en temas de autocuidado
contribuye significativamente a la
disminución de UPP. Al comprender los
factores de riesgo y las medidas
preventivas, los cuidadores pueden
colaborar activamente en el proceso,
reforzando la intervención del personal
de salud. Esta participación conjunta
no solo mejora la adherencia a las
recomendaciones médicas, sino que
también promueve una cultura de
prevención en el entorno del paciente,
lo cual resulta especialmente útil en
fases de transición del hospital al
hogar.
No obstante, la implementación de
estas estrategias enfrenta barreras
institucionales que dificultan su
aplicación integral. Salas, Guevara y
Paredes (2021), en su análisis de
hospitales latinoamericanos,
identificaron obstáculos como la
escasez de personal de enfermería, la
falta de insumos básicos, y la ausencia
de mecanismos de auditoría clínica.
Estos factores afectan directamente la
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calidad del cuidado y reducen la
posibilidad de ejecutar protocolos de
prevención de manera sostenida. Las
limitaciones estructurales no solo
impactan la eficacia de las
intervenciones, sino que también
generan frustración y desgaste en el
personal de salud, lo cual repercute
negativamente en los indicadores de
seguridad del paciente.
Finalmente, el uso de nuevas
tecnologías ha emergido como una
herramienta complementaria en la
vigilancia y prevención de UPP.
Delgado y Cano (2022), al investigar
hospitales que atienden a pacientes
inmovilizados, reportaron que los
sensores de presión integrados en las
camas hospitalarias permiten un
monitoreo constante de las zonas
corporales en riesgo. Esta tecnología
facilita la detección temprana de
acumulación de presión, alertando al
personal de enfermería para intervenir
oportunamente. Su implementación ha
demostrado reducir la incidencia de
lesiones por presión al mejorar la toma
de decisiones basada en datos en
tiempo real. No obstante, para que
estas herramientas tecnológicas sean
efectivas, deben ser acompañadas de
procesos de capacitación y políticas
institucionales que respalden su uso
adecuado.
Resultados
Tabla 1
Estrategias de prevención e intervenciones aplicadas
Entrevistado/a
Respuesta: Estrategias principales en la prevención de UPP
Enfermera A
“Lo primero que hago al recibir un paciente con movilidad reducida
es realizar una valoración de riesgo con la escala de Braden. Luego,
aplico un plan de rotación postural cada dos horas, lo cual registro
en la hoja de enfermería. También mantengo la piel hidratada, utilizo
cojines antiescaras y, si hay disponibilidad, solicito colchón de aire.”
Enfermero B
“Utilizo intervenciones combinadas: vigilancia frecuente de zonas de
presión, rotación postural programada, higiene corporal adecuada y
aplicación de cremas hidratantes. En pacientes de riesgo, coloco
apósitos protectores en sacro y talones. La educación al familiar o
cuidador es clave, sobre todo en pacientes crónicos.”
Enfermera C
“Trabajo en UCI y los pacientes que atiendo son de muy alto riesgo.
Siempre usamos colchones especiales, movilización lateral cada
dos horas, y si el paciente está sedado o intubado, se hace en
conjunto con fisioterapia. También controlamos la humedad y la
nutrición con el equipo multidisciplinario.”
Nota. Elaborado por el autor
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Las respuestas revelan que el personal
de enfermería está familiarizado con
las estrategias fundamentales para la
prevención de úlceras por presión
(UPP), tales como la rotación postural
cada dos horas, la hidratación cutánea,
el uso de dispositivos protectores
(cojines, apósitos), y la utilización de
superficies especiales como colchones
de aire alternante. Se observa un
enfoque sistemático, particularmente
en unidades críticas, donde se aplican
protocolos más rigurosos y en
colaboración con equipos
multidisciplinarios. No obstante,
aunque las prácticas descritas son
adecuadas y basadas en evidencia, su
ejecución depende en gran medida de
la disponibilidad de recursos y del
contexto clínico específico.
Tabla 2
Conocimiento y uso de la escala de Braden
Entrevistado/a
Respuesta: Conocimiento y aplicación de la escala de Braden
Enfermera A
“Sé que la escala evalúa seis áreas: percepción sensorial, humedad,
actividad, movilidad, nutrición y fricción. La usamos al ingreso del
paciente y una vez al día, pero muchas veces por carga laboral se
llena de manera automática sin una valoración real.”
Enfermero B
“La escala es muy útil, aunque no siempre se aplica correctamente.
Algunos compañeros solo colocan un puntaje sin justificarlo.
Personalmente, la uso como una guía para saber qué intervenciones
priorizar, por ejemplo, si el paciente tiene movilidad reducida, sé que
debo iniciar rotación inmediata.”
Enfermera C
“En UCI la aplicamos al ingreso y cada 24 horas. Es parte del
protocolo. Sin embargo, el problema es que no siempre hay tiempo
de hacer una valoración completa. A veces se subestima su utilidad
clínica y se usa solo como requisito administrativo.”
Nota. Elaborado por el autor
En cuanto al conocimiento sobre la
escala de Braden, todos los
entrevistados manifiestan tener una
comprensión general de sus
componentes y reconocen su utilidad
como herramienta de evaluación de
riesgo. Sin embargo, un patrón
recurrente es que la aplicación real de
la escala a menudo se ve limitada por
el tiempo, la carga laboral y su uso
meramente formal o administrativo.
Varios participantes señalaron que, si
bien la escala debería guiar las
decisiones clínicas, en la práctica se
completa sin una valoración profunda,
lo que limita su potencial preventivo.
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Tabla 3
Barreras, capacitación y recursos necesarios
Entrevistado
Respuesta: Barreras para
aplicar intervenciones
preventivas
Capacitación o
actualización
recibida
Enfermera A
“La sobrecarga de trabajo y
la falta de personal son las
principales barreras. A
veces tengo más de diez
pacientes y no es posible
rotarlos a todos cada dos
horas.”
“He recibido
capacitaciones, pero
muy esporádicas.
Generalmente busco
información en guías
clínicas y cursos
virtuales.”
Enfermero B
“A veces no hay colchones
disponibles o están
dañados. Además, no
siempre se respetan los
protocolos porque el equipo
médico prioriza otras
actividades.”
“En los últimos dos
años no he recibido
actualización
específica sobre
UPP.”
Enfermera C
“En UCI dependemos
mucho del trabajo en
equipo. Si no hay
coordinación, se pierde el
ritmo de rotación. También
falta seguimiento del
cumplimiento.”
“Participé en una
jornada hace seis
meses, pero no hay
un programa
continuo.”
Nota. Elaborado por el autor
Los datos recogidos en esta tabla
evidencian con claridad que las
barreras estructurales representan el
principal obstáculo para la aplicación
efectiva de las intervenciones
preventivas contra las UPP. Entre ellas
se destacan la sobrecarga laboral, la
escasez de personal de enfermería, la
falta de insumos como colchones
especializados y apósitos protectores,
y la ausencia de auditorías clínicas
sistemáticas. En cuanto a la
capacitación, los participantes
coinciden en que no existe una
formación continua estructurada, lo
cual repercute negativamente en la
actualización de conocimientos y en la
calidad del cuidado. Aunque algunos
profesionales buscan información de
forma autónoma, este esfuerzo
individual no sustituye una política
institucional sólida de capacitación.
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Tabla 4
Revisión de literatura
Tema
Autor(es)
Ámbito
Principales hallazgos
Protocolos de
movilización
Rodríguez,
Morales y
Salgado
(2020)
Hospital público,
práctica clínica
La rotación postural cada 2 horas
reduce significativamente la
aparición de UPP. La adherencia al
protocolo depende de la carga de
trabajo.
Superficies de
manejo de
presión
Martínez y
Gómez (2019)
Hospitales de tercer
nivel
El uso de colchones de aire
alternante disminuye un 40% la
aparición de UPP en pacientes
encamados con comorbilidades.
Evaluación de
riesgo con escala
Braden
Hernández,
López y
Martínez
(2021)
UCI
El uso sistemático de la escala de
Braden permite identificar pacientes
en riesgo, pero su aplicación es a
veces formal y no clínica.
Formación
continua y
adherencia
Luján y Torres
(2018)
Unidades de
enfermería
La capacitación continua mejora la
adherencia a guías clínicas de
prevención de UPP y favorece la
toma de decisiones clínicas
fundamentadas.
Intervenciones
basadas en
evidencia
Pérez,
Rodríguez y
Quintero
(2020)
Revisión
sistemática
Las prácticas más efectivas son la
hidratación cutánea, apósitos
protectores y rotación postural
supervisada.
Educación al
paciente y familia
Mendoza y
Ruiz (2019)
Cuidado
comunitario y
hospitalario
La educación en autocuidado del
paciente y su familia disminuye la
incidencia de UPP y mejora la
adherencia a las recomendaciones.
Barreras
institucionales
Salas,
Guevara y
Paredes
(2021)
Hospitales
latinoamericanos
Persisten barreras como escasez
de personal, falta de insumos y
ausencia de auditorías clínicas.
Educación
continua en UCI
Jiménez y
Barrera (2020)
UCI en hospitales
públicos
La falta de formación continua
impide ejecutar rigurosamente los
protocolos de prevención.
Nuevas
tecnologías
Delgado y
Cano (2022)
Hospitales con
pacientes
inmovilizados
Los sensores de presión aumentan
la capacidad de monitoreo y redu
Nota. Elaborado por: Los autores
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Discusión
La problemática presentada en este
estudio, referida a las bajas tasas de
aplicación efectiva de las
intervenciones preventivas contra las
úlceras por presión (UPP) en un
hospital público de Ecuador, se alinea
con las evidencias y conclusiones de la
literatura científica. Específicamente,
las barreras estructurales, como la
sobrecarga laboral, la escasez de
insumos y la falta de formación
continua, son obstáculos recurrentes
que dificultan la implementación de
prácticas basadas en la evidencia, tal
como señalan Salas et al. (2021) y
Jiménez y Barrera (2020).
La escasa formación continua
reportada en el estudio refuerza lo que
plantea Hernández et al. (2021),
quienes destacan que la evaluación
adecuada del riesgo de úlceras
mediante herramientas como la escala
de Braden, junto con el conocimiento
actualizado del personal, son
fundamentales para la prevención
efectiva. Sin embargo, en la realidad
del estudio, se evidencia que esta
formación está ausente o insuficiente,
situación que favorece una práctica
basada más en la experiencia empírica
que en evidencia sólida, como también
afirma Jiménez y Barrera (2020). Por
tanto, existe una brecha entre el
conocimiento teórico y la práctica
clínica, aspecto que limita la correcta
aplicación de los cuidados preventivos.
Por otra parte, la evidencia científica
respalda la efectividad de
intervenciones como la rotación
postural cada dos horas y el uso de
dispositivos especializados, siendo
estos recursos esenciales para reducir
la incidencia de UPP (Rodríguez et al.,
2020; Delgado y Cano, 2022). Sin
embargo, en la realidad del hospital
estudiado, estas prácticas no siempre
se llevan a cabo de manera sistemática
debido a la sobrecarga laboral y a la
falta de recursos, confirmando las
barreras institucionales señaladas en la
literatura. La percepción de los
enfermeros sobre estas prácticas como
efectivas, a pesar de las limitaciones,
coincide con las conclusiones de las
investigaciones, lo cual sugiere que la
base teórica y el conocimiento están
presentes, pero su aplicación efectiva
requiere también condiciones
estructurales apropiadas.
Finalmente, la falta de auditorías
clínicas sistemáticas y de
implementación de protocolos
rigurosos, mencionada por Paredes
(2021) y en los resultados del estudio,
es una debilidad que impide la
evaluación continua y la mejora de las
prácticas preventivas. La gestión
hospitalaria y el fortalecimiento del rol
del personal de enfermería, a través de
programas de capacitación y recursos
adecuados, son elementos
indispensables para cerrar la brecha
entre el conocimiento y la práctica
efectiva, alineándose con las
recomendaciones de Hernández et al.
(2021) y Rodríguez et al. (2020).
Al comparar estos hallazgos con el
estado del arte, se confirma la validez
de muchas intervenciones aplicadas,
como la rotación postural y el uso de
escalas de valoración, coincidiendo
con Rodríguez et al. (2020) y
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Hernández et al. (2021). Sin embargo,
también se evidencian las mismas
barreras institucionales documentadas
por Salas et al. (2021) y Jiménez y
Barrera (2020), lo que refuerza la
necesidad de abordar este problema
no solo desde la práctica clínica, sino
también desde la gestión del talento
humano y la administración hospitalaria
El diagnóstico realizado en este estudio
refleja las limitaciones presentes en
muchas instituciones de salud similares
y reafirma que, para reducir la
incidencia de úlceras por presión, es
imprescindible fortalecer tanto la
formación del personal como los
recursos institucionales, en línea con
las evidencias y las recomendaciones
internacionales.
Conclusiones
A partir del análisis de los hallazgos, se
puede reflexionar que, aunque el
personal de enfermería en el contexto
estudiado posee conocimientos
teóricos sobre la prevención de úlceras
por presión y reconoce la importancia
de las estrategias recomendadas,
existen barreras estructurales y
organizacionales que limitan la
efectividad de su implementación. La
sobrecarga laboral, la escasez de
recursos y la insuficiente formación
continua generan una disociación entre
el conocimiento y la práctica clínica
real, poniendo en evidencia la
necesidad de un abordaje más integral
que vaya más allá del nivel individual.
La situación revela que la adopción de
prácticas preventivas no solo requiere
de la sensibilización del personal, sino
también de una gestión institucional
comprometida con la provisión de
recursos adecuados, la gestión del
riesgo y la creación de una cultura
organizacional que valore y apoye las
intervenciones basadas en la evidencia
científica. La presencia de estos
obstáculos estructurales sugiere que
las estrategias preventivas deben ser
entendidas como un proceso dinámico
que involucra cambios en la gestión
hospitalaria, capacitación permanente
y la participación activa del equipo
multidisciplinario.
Por tanto, la reflexión central radica en
que la prevención de úlceras por
presión, siendo un componente
esencial del cuidado de enfermería,
requiere de una revisión y
fortalecimiento tanto de las condiciones
laborales como de los sistemas de
capacitación, para que las buenas
prácticas puedan traducirse en mejores
resultados clínicos y en una mayor
calidad de vida para los pacientes. Solo
mediante un compromiso institucional y
una gestión que fomente la
actualización continua y los recursos
necesarios será posible cerrar la
brecha existente entre conocimiento y
aplicación efectiva.
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